EL SHOW DE TRUMAN

Año: 1998
Dirección:Peter Weir
Guión: Andrew Niccol

Reparto: Jim Carrey, Laura Linney, Noah Emmerich, Ed Harris, Natascha McElhone, Holland Taylor, Paul Giamatti, Adam Tomei, Harry Shearer, Brian Delate, Philip Baker Hall, Peter Krause…

Género: Comedia dramática

Sinopsis: Truman Burbank es un hombre corriente y algo ingenuo que ha vivido toda su vida en uno de esos pueblos donde nunca pasa nada. Sin embargo, de repente, unos extraños sucesos le hacen sospechar que algo anormal está ocurriendo. Todos sus amigos son actores, toda su ciudad es un plató, toda su vida está siendo filmada y emitida como el reality más ambicioso de la historia. (FILMAFFINITY)

¿Y si todo fuera una mentira?

Si no habéis visto “el Show de Truman”, corred a verla; si ya la habéis visto, volved a disfrutarla.

La figura del agente de seguros en la literatura o en las películas nunca ha gozado de muy buena fama. No imaginamos un super héroe que en su vida como humano de a pie se dedique a vender seguros, ni seguramente el señor Grey habría triunfado tanto si lo hubieran puesto a cargo de una correduría. ¿O quizá sí? El caso es que, una vez más, encontramos a un desgraciado protagonista que resulta ser agente de seguros.

Aunque, cuidado, que no hablamos de cualquier película, se trata de un clásico, de un film imprescindible y que, desde que se estrenó en 1998, no ha dejado indiferente a nadie. ¿Cuántas veces habremos hecho referencia al “Show de Truman”? Imaginando que quizá toda nuestra vista está planificada y alguien nos vigila y se divierte a nuestra costa. Por si todavía queda alguien en este mundo que no la haya visto, pongámonos en contexto.

Jim Carrey interpreta a Truman Burbank en uno de sus mejores papeles junto con el que desempeñó en Eternal Sunshine of the Spotless Mind(¡Olvídate de mí!). La película que nos ocupa se basa en el concepto que ya introdujo George Orwell en su novela “1984”, avanzándose a lo que sería un “aterrador futuro” que en bastantes cosas coincide con nuestro presente. Truman vive en un reality show desde incluso antes de nacer (por si hay millennialsen la sala, sería como las más recientes incorporaciones de Keeping Up with the Kardashians), pero él no lo sabe, al menos hasta el momento. Su vida es monitorizada 24 horas al día, 7 días a la semana. Todo lo que hace se emite en televisión y lo peor es que sus decisiones en la vida han estado también dirigidas, aunque de forma subliminal.

El proyecto es ambicioso, construyen una ciudad entera para Truman, un plató enorme que tiene hasta sus propios astros para marcar el día y la noche. Todas las personas con las que se cruza son actores guionizados, toda su vida, su día a día ha sido previamente escrito y planeado. El pobre hombre vive una mentira sumergido en ese cruel experimento televisivo y psicosocial. Pero en su treinta cumpleaños, Truman empieza a ver cosas que no encajan, algunos fallos en la producción que costarán de explicar por parte de realización. Ahí comienza su despertar, una bonita analogía con la realidad que nos tiene adormecidos con tantas pantallas y fake news.

La manera de mantener a Truman en su ciudad es crearle miedo a todos los peligros del exterior, quieren que sea un hombre con una vida estable, sin muchas inquietudes, sin ganas de viajar ni explorar. Con todo lo contado, resulta curioso que la profesión que escogen los directores y guionistas del programa para él sea corredor de seguros. Quizá pretenden así que esté siempre pensando en todo lo que podría pasar si hiciera esto o aquello. De este modo, nublan su capacidad propia de decisión y les da tiempo de actuar desde dirección para encaminarlo a lo que más les conviene. ¿Tendrían alguna validez los seguros que vendía el pobre Truman? ¿Si había algún fallo eléctrico en una casa del ficticio pueblo, asegurada con una póliza de Truman, le iban a reclamar y lo cubría el seguro? Bromas aparte, la premisa de la película es muy buena y cabe destacar que cuando salió no había todavía ningún reality tipo “Gran Hermano” en emisión.

Solo queda terminar el artículo con la célebre frase del film: “Y por si no nos vemos, ¡buenos días, buenas tardes y buenas noches!”.

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