Si viajas con niños, no arriesgues

Suelen ponerse enfermos y sufrir pequeños accidentes que acaban ocasionando apuros y disgustos

Cuando viajas con niños, más aún si son pequeños, las probabilidades de que el viaje acabe antes de hora o de que se vea gravemente alterado son muy altas. Fiebres repentinas imposibles de controlar, caídas que acaban con puntos o con un diente roto, diarreas y vómitos, picaduras de animales, golpes en la cabeza que causan preocupación a los padres, algún hueso fracturado…

Las posibilidades son casi infinitas porque –quien tiene hijos lo sabe bien– son como imanes atraídos por las situaciones de peligro y, además, enferman con mayor frecuencia porque sus cuerpos todavía se están inmunizando contra los virus. O sea, una bomba de relojería.

Si además escogemos un destino situado en zonas de transmisión de enfermedades graves el riesgo de encontrarnos en un apuro se incrementa, ya que entran en juego amenazas serias, como la malaria, la fiebre tifoidea o la rabia. Pero incluso si el destino está cerca de casa no podemos estar del todo tranquilos. En los viajes turísticos por la Selva Negra, por ejemplo, se incluyen excursiones familiares por zonas forestales donde las garrapatas pueden transmitir la encefalitis centroeuropea, una enfermedad muy grave. De hecho, una simple intoxicación por alimento o agua en mal estado nos puede traer problemas, vayamos donde vayamos.

Si no queremos tener preocupaciones añadidas cuando viajamos con nuestros hijos, puede ser buena idea hacerse un seguro familiar que cubra tanto a los niños como a los acompañantes o, al menos, un seguro específico para los pequeños, que generalmente es un poco más caro que el de los adultos.

¿Qué no deberías pasar por alto a la hora de escogerlo? Un seguro que te permita viajar tranquilo debería cubrir lo siguiente:

  • Cancelación del viaje. Puede que los niños enfermen justo antes de empezarlo y debas cancelarlo, así que hay que cerciorarse que el seguro te devolverá todos los gastos (vuelo, hotel, excursiones, entradas a los museos o parques, etc). Asegúrate, además, de que también está cubierta la cancelación del viaje de los acompañantes si no tienes con quien dejar al pequeño.
  • Asistencia sanitaria en destino. Esta cobertura suele tener un límite económico, así que calcula que éste sea suficiente para poder pagar los gastos correspondientes a honorarios médicos, hospitalización, medicación, intervención quirúrgica y el desplazamiento de los acompañantes al centro sanitario. Además, es fundamental que el seguro se haga cargo de los gastos en destino (algunos los reembolsan a la vuelta) para no tener que preocuparte de conseguir el dinero en un momento en que tus preocupaciones son otras.
  • Dentista. No está de más que el seguro de viajes cubra el tratamiento urgente de un diente dañado y también el tratamiento para el alivio del dolor relacionado con una infección bucal, ya que ambos casos se dan con cierta frecuencia.
  • Repatriación sanitaria. Un buen seguro tiene que prever el traslado para continuar el tratamiento en el país de origen. Asimismo, es muy conveniente que también incluya la repatriación por enfermedad o muerte de un familiar.
  • Pérdida o robo de equipaje. No es fundamental pero siempre viene bien tener cubierta esta eventualidad, pues no es raro que pase.
  • Responsabilidad civil. Para el pago de los daños a terceros que pueda causar. Por ejemplo, si rompe una ventana jugando a la pelota.

Como siempre, lo mejor es que sea un profesional del sector quien te aconseje qué productos pueden cubrir mejor las necesidades de tu familia, atendiendo al número de miembros, al país elegido y al tipo de viaje contratado, porque no es lo mismo una expedición mochilera a un destino exótico que una estancia turística en una capital europea.

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