¿Te vas a casar? Necesitas un seguro de vida

Si no tienes seguro de vida, es un buen momento para hacértelo y si lo tienes, quizá deberías revisar las condiciones

Anteriormente hablamos del seguro para bodas y lo importante que es estar preparados por si algo sale mal. Pero no solamente hay que pensar en la celebración, si fijáis la vista a más largo plazo os daréis cuenta que esta aventura que estáis iniciando necesita una mayor cobertura, a todos los niveles.

Si lograsteis sobrevivir a todo lo que conlleva organizar una boda, agarraos que vienen curvas. Muchas parejas deciden casarse para consolidar su unión, para adquirir un mayor compromiso y para beneficiarse de ciertas ventajas legales o tributarias. La cuestión es que el matrimonio también es un gran paso en el que las responsabilidades y deberes individuales pasan a ser conjuntos. Podemos hablar de matrimonio como de hipoteca (que también une mucho), o imaginad que se dan las dos circunstancias y que, encima, también le sumamos hijos a la ecuación.

La responsabilidad se multiplica por mil y es entonces cuando uno piensa en el seguro de vida y se da cuenta de que, definitivamente, ha madurado. Según los datos de UNESPA, los seguros de vida se suelen contratar a partir de los 30 años, situando la franja más alta de contrataciones entre los 35 y los 50. Esta póliza nos garantiza un soporte económico en caso de que las cosas se tuerzan mucho, muchísimo. Su objetivo es indemnizar a la familia por la muerte de una persona. Así nos aseguramos de que, si algún día faltamos, nuestros seres queridos tendrán unos ingresos con los que poder remontar y salir adelante.

Como siempre, antes de contratar el seguro debemos comparar las distintas opciones y leer bien las condiciones y coberturas. Tratándose de algo de vital importancia, y nunca mejor dicho, lo más prudente es que un corredor de seguros o un experto en la materia nos asesore. Lo más aconsejable sería una póliza que cubra el fallecimiento por cualquier causa, nunca se sabe en que circunstancias nos vamos a encontrar el día de mañana. Gaudí no pensó en que ese tranvía le impediría acabar la Sagrada Familia.

Pero el seguro de vida no es tan solo por si el asegurado cruza el arcoiris, también garantiza una indemnización en casos de incapacidad permanente total o absoluta, que no son lo mismo. La total te impide realizar tu profesión habitual y seguir con el puesto de trabajo que tenías pero podrías ejercer otra actividad laboral; en cambio, la absoluta te inhabilita para cualquier profesión.

También es una buena idea contratar un seguro de vida si te acabas de casar porque si uno de los cónyuges muere dejando un legado de deudas, su pareja las heredará y deberá pagarlas. Con el dinero de la póliza eso sería más sencillo. Lo mismo si decidís emprender un negocio juntos y al faltar una de las partes la empresa se hunde.

Si como decíamos más arriba, se tienen hijos, el seguro de vida puede ser una herramienta que os permita consolidar su herencia. Se puede nombrar a los hijos beneficiarios de la indemnización y de este modo podrían recibir esa compensación económica sin tener que hacer frente a los temibles impuestos de sucesión. Lo más habitual es que las parejas se nombren beneficiarios el uno al otro pero la mayoría de aseguradoras permiten añadir a beneficiarios secundarios o incluso terciarios, así podríais incluir a vuestros retoños.

Y, aunque con estas cosas es mejor no precipitarse, tampoco te duermas en los laureles ya que las aseguradoras suelen ofrecer mejores condiciones en la póliza a personas jóvenes y sanas ya que se presume que el riesgo es menor y la esperanza de vida mayor.

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