Evita las infecciones en las piscinas

Nos gustan las piscinas, no las infecciones

Las piscinas pueden ser fuente de infecciones o riesgos para la salud. No se trata de tener miedo y demonizarlas, sólo de ser precavido.
Redacción
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Con la llegada el calor, las piscinas se consolidan como oasis de frescor en nuestras vidas: para hacer deporte, divertirse y compartir un rato en remojo con familia y amigos. Sobre todo, para los que no tienen la suerte de tener mar o río cerca.

A estas alturas del año, ya comienzan a abrir sus puertas. Por lo que, aunque todavía debemos mantener ciertas medidas de seguridad y prevención contra el COVID, ¡podemos declarar abierta la temporada de piscinas!

Pero, además de no olvidarnos del COVID, las piscinas pueden ser fuente de contagio de otro tipo de infecciones o riesgos para la salud. El cloro, el bromo o el agua salada evitan la proliferación de organismos que pueden ser nocivos para nosotros pero, aún así, no esta de más ser cuidadoso. No se trata de tener miedo y demonizar las piscinas: sólo de ser precavido y acostumbrarse a ciertas medidas de cautela para minimizar los riesgos todo lo posible.

Ducha antes y después

Conviene usar la ducha externa antes de entrar en la piscina; al menos, durante un minuto. Así eliminaremos de nuestra piel suciedad, sudor o productos químicos, como el desodorante, crema hidratante o productos para el pelo, y no los llevaremos con nosotros al agua de la piscina.

También es recomendable hacerlo al salir. En esta ducha posterior, lo mejor es hacerlo en el vestuario y utilizar jabón o gel. De esta manera eliminaremos de nuestra piel restos de cloro y cualquier substancia que se haya adherido a ella durante nuestro baño.

Estas duchas contribuyen a eliminar bacterias como las ‘pseudomonas aeruginosas’ que son la mar de resistentes y a las que les encantan los medios húmedos, como fregaderos, lavabos, piscinas inadecuadamente cloradas o jacuzzis. Estos gérmenes pueden causar irritaciones en la piel o erupciones, así como infecciones como la otitis o de las vías urinarias.

De hecho, las infecciones de oídos son un gran ‘clásico’ de los baños veraniegos por lo que, si eres de oídos sensibles, es más que recomendable usar tapones. También lo es si pasas mucho tiempo bajo el agua (por ejemplo, si nadas como practica deportiva) ya que, cuando el agua permanece en el canal auditivo mucho tiempo, las bacterias pueden crecer y causarnos irritación.

Las infecciones del tracto urinario, además, se ven favorecidas si permanecemos durante mucho tiempo con el bañador mojado. Más aún si estamos sentados sobre él. Para evitarlo, hay que cambiar el bañador si no hace suficiente sol para que se seque rápido.

Si has estado enfermo, no te bañes

A todos nos gustan las personas que comparten, pero gérmenes y enfermedades, ¡mejor no! Así que, recuerda: si tienes o has tenido alguna dolencia estomacal, prescinde de piscina durante dos semanas. Las bacterias o virus que causan dolencias de este tipo, como el Cryptosporidium, son fáciles de contagiar en un entorno como la piscina y permanecen durante 15 días en nuestro cuerpo una vez acabada la infección, así que seamos precavidos para proteger a los demás.

El Water Quality & Health Council, un organismo independiente americano que realiza estudios sobre la salud y el agua, señala que patógenos como el Cryptosporidium causan el 80% de las enfermedades e infecciones vinculadas con las piscinas.

Más aún: una encuesta realizada por este organismo indica que un 25% de los usuarios de las piscinas confiesa que iría a la piscina a pesar de tener diarrea. Además, el 52% de los usuarios piscineros se ducha rara vez o nunca antes de entrar en el agua. Y, haciendo memoria ¿quién no ha tragado agua sin querer cuando se ha bañado en una piscina…? Según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) norteamericanos, un adulto traga una media de una cucharada cada 45 minutos de natación (¡puag!).

¡Niños, revisión!

Asimismo, los CDC recomiendan salir del agua una vez cada hora, sobre todo, en el caso de los niños. Eso les permitirá hacer la preceptiva visita al baño, revisarles pañales si son muy pequeños y dar un repaso al protector solar.

Y así podremos prevenir que los niños orinen en el agua o que su pañal contamine la piscina. Tras ir al baño, es importante recordar que tanto niños como adultos deben lavarse las manos con jabón.

Siendo cuidadosos, podremos disfrutar de nuestro baño con mayor seguridad.

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