No dejes que un incendio arruine tu empresa

Cuando se quema un negocio a las pérdidas por los daños sufridos hay que sumar los beneficios no obtenidos durante el tiempo que esté inactivo

Hace unos días conocíamos la triste noticia del fuego que devoró la fábrica que suministra panes y tartas a Mercadona, situada en Puçol, a 30 km de Valencia. Afortunadamente no provocó daños personales pero sí cuantiosos daños materiales, ya que casi la totalidad de las instalaciones resultaron quemadas. La empresa anunció su voluntad de volver a levantar la planta en la misma parcela pero lo cierto es que tardarán muchos meses en conseguirlo. Y, mientras tanto, ¿qué pasa con el negocio y su actividad?

Porque ante una catástrofe así, además de contabilizarse las pérdidas y daños causados por el incendio, hay que añadir las que se generan durante el tiempo que la actividad de la empresa tenga que estar paralizada y, por lo tanto, sin tener ingresos ni beneficios.

La mayoría de grandes empresas cuentan con un seguro que cubre el lucro cesante, también llamado seguro de daños indirectos o de pérdida de beneficios. En cambio, en el caso de las pymes son aún pocas las que tienen este riesgo asegurado. Y eso a pesar de que, según la encuesta ‘Allianz Risk Barometer’, las empresas de todos los tamaños sitúan el riesgo de interrupción del negocio en el primer lugar en la lista de riesgos más probables, seguido de los ciberdelitos y las catástrofes naturales.

Las empresas que disponen de este tipo de seguro o garantía reciben una indemnización que les cubre la pérdida por el beneficio que se ha dejado de generar debido a la paralización total o parcial del negocio, así como los gastos fijos que seguirá teniendo (alquiler, sueldo, suministros, etc).

“Lo importante es tener una buena cobertura. Lo mínimo sería empezar por tener cubiertos los gastos fijos de la empresa (sueldos, telefonía…) durante los 5 o 6 meses que puede durar la reconstrucción tras un siniestro grave”, explica Jordi Costa, director comercial de Correduría Costa Serra. A partir de aquí se calcula el lucro cesante teniendo en cuenta el beneficio esperado si la empresa estuviera en las mismas condiciones que hubiera tenido en caso de no producirse el siniestro. De esta forma, el seguro garantiza el mantenimiento de los puestos de trabajo, ya que es la compañía la que asume el pago de las nóminas, y parte de los beneficios no conseguidos en este tiempo. En cambio, lo que no asume son los gastos variables, directamente vinculados a la actividad efectiva de la empresa (nuevos pedidos de materia prima, por ejemplo). Como siempre, y más en casos tan complicados, recomendamos la consulta con los expertos del sector.

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