Niño somnoliento

Niños y cambio de hora, mala combinación

Este fin de semana, de la noche del sábado 24 de octubre al domingo 25, toca el segundo cambio de hora del año. A pesar de que este cambio es ‘el bueno’, que nos proporciona una hora más de sueño, no todos se adaptan igual de bien o de rápido. Entre ellos, los niños. Aquí tienes algunos consejos para hacerles más llevadero el cambio.
Marian Mateo
Marian Mateo
Marian Mateo
Marian Mateo

Aprovechar mejor las horas de luz solar y el ahorro energético están detrás de estos ajustes de hora que realizamos dos veces al año. Pero, dejando de lado esas ventajas económicas, los cambios de horarios producen perturbaciones en el reloj biológico interno, lo cual repercute en la salud, la calidad de vida y el rendimiento, sobre todo, en las personas especialmente sensibles.

¿Cómo afecta a los niños?

El cuerpo humano se regula por un horario biológico interno. Este se ajusta por cambios de luz solar y otros estímulos del entorno, como las rutinas y la alimentación. Así, nuestro organismo sabe cuando ‘toca’ dormir, estar activo o comer. Pero cuando cambia el ritmo de la luz externa o de nuestras tareas diarias, puede desorientarse, en un fenómeno parecido al ‘jetlag’.

En el caso de los niños y los bebés también pueden experimentar cambios en el sueño. Así, les resultará más difícil irse a la cama y estarán algo más dormidos que de costumbre por las mañanas. Además, si el niño está más somnoliento al levantarse, ello tendrá algunas consecuencias negativas en su rendimiento (aunque también dependerá del carácter de la criatura):

  • problemas de atención
  • irritabilidad y mal humor
  • menor tolerancia a la frustración
  • cansancio y desánimo (especialmente, durante las primeras horas del día)

Para estar bien preparados

Como, al menos de momento, parece que seguiremos con los cambios horarios programados, te dejamos aquí una serie de consejos, basados en las pautas de la Asociación Española de Pediatría y pensados para que a los más pequeños de la casa les cueste menos adaptarse a los cambios del reloj:

  • Iniciar los cambios cuatro o cinco días antes, poco a poco. Ir adelantando las actividades de los niños 10 o 15 minutos cada día (juegos, comidas, actividad física, siesta, sueño nocturno, toma de medicamentos…) para que la transición sea más suave.
  • Favorecer la entrada de luz natural o una luz potente a la hora de levantarse, incluso unos minutos antes.
  • Un buen desayuno, en una habitación bien iluminada, también ayudará. Para los niños más mayores, los frutos secos (como las nueces) favorecen la regulación de los ritmos biológicos, sobre todo si se toman en la primera comida del día.
  • Evitar las pantallas una hora antes de acostarse.
  • Si puede ser, también es beneficioso para mejorar la adaptación llevarlos andando al colegio o al centro de día.
  • Si necesita luz nocturna de apoyo, intentar que sea cálida, de tonos amarillo-naranja, que son colores que recuerdan al crepúsculo natural del sol.
  • También será más fácil, si el pequeño tiene la edad adecuada, hacerle partícipe de los cambios: explicarles la medición del tiempo, cómo va a cambiar la hora y por qué. Siempre es más sencillo asumir las modificaciones cuando entendemos los motivos.

Y, sobre todo, sabiendo que esta es una situación transitoria, ¡mucha paciencia y comprensión!

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