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Los estragos de la crisis en la economía colaborativa

Elisabet Mejuto
Elisabet Mejuto
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Elisabet Mejuto

La crisis sanitaria está purgando “viejos sistemas”, tanto laborales como sociales. En lo que respecta a la nueva forma de encarar este cambio global, la economía colaborativa ha tenido un protagonismo crucial. Como su propio nombre indica, es un modelo centrado en la colaboración y la ayuda mútua. Actualmente, muchos sectores de la economía ya cuentan con negocios de ésta índole. 

Sin embargo en este sector, el coronavirus también se ha cobrado muchas víctimas. Una de las más castigadas ha sido precisamente la economía colaborativa, puesto que compartir en estos momentos, es arriesgar. 

Airbnb, Uber, WeWork o Lyft

Empresas como Airbnb, que pretendía salir a bolsa este mismo año, Uber, WeWork o Lyft, se han quedado sin mercado. Muchas de estas empresas se han visto en la obligación de despedir a una cuarta parte de su plantilla, debido a la caída en picado sufrida. 

Por si esto no fuera poco, a esta crisis sanitaria se le suman los problemas legales que ya arrastraban. Y es que, este tipo de empresas aprovecha los vacíos legales de ciertos países para establecer sus negocios. 

Según Josep Lladós, profesor agregado de los Estudio de Economía y Empresa de la UOC, la aparición de una cierta competencia desleal por el intrusismo de algunas empresas que desde estas plataformas ofrecen servicios como si fuesen un particular, o el hecho de que algunos de los mercados en los que actúan la plataformas estén regulados mientras que a estas apenas se les aplica regulación, son algunas de las controversias que lo rodean. 

Además, preocupan otros aspectos que están en el punto de mira desde la aparición de la economía colaborativa: la protección de lo datos que los usuarios del servicio ceden a las plataformas o los derechos laborales de quienes proveen de estos servicios Por eso los expertos advierte que cada vez es más evidente que resulta necesario regular urgentemente esta actividad.

Para lograr resolver estos problemas, en opinión del profesor Lladós, toda regulación tiene que cumplir al menos cuatro premisas básicas:

Premisas básicas

– Incentivar estos tipos de innovación por los beneficios económicos y sociales que genere

– Ser visible para garantizar una mayor transparencia en el mercado y que los aspecto que generan más dudas, como la fiscalidad, sean más fáciles de afrontar por parte de la Administración.

– Distinguir los tipos de servicios que se ofrecen en las plataformas, ya que —como explica Josep Lladós— «no todos son servicios profesionales, tienen un objetivo de lucro tampoco responden a una finalidad comercial, por lo que no generan graves distorsiones económicas».

– Orientar estos tipos de actividades de manera que se dirijan prioritariamente al interés social y a las áreas donde puedan lograrse los impactos económicos más favorables. 

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