La importancia del parabrisas en los coches

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Redacción
8 de septiembre de 2017

Este cristal aporta hasta el 30% de la resistencia de la estructura del vehículo y es un elemento clave para evitar el hundimiento del techo en caso de vuelco.

Pocos son los que le conceden gran importancia, pero el parabrisas es uno de los elementos claves de los coches, según explica un estudio de Carglass, empresa especialista en todo lo relativo a los cristales de los vehículos. Según esta compañía, además muchos accidentes podrían evitarse con una correcta visibilidad y estrategia de exploración visual, que permita anticiparse a posibles riesgos. Además de por sus evidentes implicaciones en la visibilidad, el parabrisas aporta hasta el 30% de la resistencia de la estructura del vehículo y es un elemento clave para evitar el hundimiento del techo en caso de vuelco. La eficacia del airbag del acompañante también está condicionada por el buen estado del parabrisas, pues al desplegarse se apoya sobre él, ejerciendo una enorme presión. Y los sistemas ADAS de seguridad activa, que informan al sistema de alerta de cambio de carril o de frenada de emergencia, están basados en multitud de sensores que suelen instalarse en el parabrisas.

Tampoco hay que olvidar revisar el estado de las escobillas de los limpiaparabrisas.  Unas escobillas en mal estado afectan a la visibilidad en carretera, con el consiguiente riesgo para la seguridad vial. Sobre todo en estas fechas, cuando las condiciones del clima suelen ser muy cambiantes y se producen numerosas precipitaciones en toda la península. Unas escobillas en mal estado pueden arruinar un viaje. Carglass recomienda sustituir las escobillas, al menos, una vez al año o incluso con mayor frecuencia si se realiza un elevado kilometraje.

El 90% de la información que recibimos al conducir nos llega al cerebro a través de la vista. Los continuos cambios de condiciones del tráfico (entorno, posición relativa, orientación, velocidad, dirección…) exigen al conductor constantes ajustes de su foco de visión para poder comprender lo que le rodea, y tomar las mejores decisiones para mantener el coche dentro de la vía y sin colisionar con otro objeto. Muchos accidentes podrían evitarse con una correcta visibilidad y estrategia de exploración visual, que nos permita anticiparnos a posibles riesgos. Y todo esto sucede a través del parabrisas y del resto de los cristales de nuestro vehículo.

El informe de Carglass incluye consejos para mejorar la seguridad al volante.

  1. Levantar la barbilla y mirar a lo lejos

Mirar al frente y a lo lejos –no a lo que sucede justo por delante del capó- ayuda a mantener la trayectoria sin necesidad de hacer constantes correcciones en el volante para mantenernos en el carril. Más importante aún, es que mirar a lo lejos nos permite anticiparnos a todo lo que pueda suceder por delante de nosotros y tener un valioso tiempo de reacción extra para evitar un accidente. La habilidad de mirar bien al frente hay que entrenarla, y requiere de otras estrategias de exploración visual complementarias, como los barridos.

  1. Realizar constantes barridos visuales

Si sólo mirásemos a lo lejos, apenas obtendríamos información de lo que pasa a izquierda y derecha del vehículo, y entre el capó de nuestro coche y el punto hacia donde apuntamos la mirada. Por este motivo es necesario realizar barridos de mirada transversales (de lado a lado) y longitudinales (desde cerca hacia más lejos). En autopistas y autovías debemos llegar lejos con la mirada y realizar frecuentes barridos longitudinales hacia el capó de nuestro coche. Al hacer pocas entradas y salidas, los barridos transversales serán poco frecuentes. En carreteras convencionales, con más entradas y salidas, así será más necesario mirar a izquierda y derecha con relativa frecuencia.

  1. Visión periférica

La visión periférica es la habilidad de captar y reconocer la información o movimiento que se desarrolla alrededor del objeto o punto concreto sobre el que hemos fijado la visión. En otras palabras, es lo que somos capaces de ver “por el rabillo del ojo”  mientras vamos conduciendo. Con la visión periférica, aunque no vemos los objetos que aparecen en los extremos de nuestro campo de visión enfocados y definidos; sí podemos percibir que ahí sucede algo que llama nuestra atención. A partir de ese momento se suele tardar 0,5 segundos en girar la cabeza y enfocar esa situación, para poder evaluarla y tomar una decisión.

  1. El “efecto túnel”

A mayor velocidad, llega al cerebro más cantidad de información por segundo. Para poder procesarla, nuestra mente limita esa información, descartando la que entiende que es menor importante por estar más lejos del foco de atención y más a los extremos de nuestro campo visual. Si en parado nuestro campo de visión es de 120º, en movimiento el denominado campo de visión cinético va reduciéndose con la velocidad. Por ejemplo, a 65 km/h se reduce hasta los 70 grados, mientras que a 100 km/h el campo de visión baja hasta solo 42°. A partir de 130 km/h, comienza a parecer el efecto túnel: es como si a nuestros lados solo hubiera paredes negras.

  1. Vas hacia donde miras

En momentos de tensión tendemos instintivamente a dirigir nuestro vehículo justo hacia el lugar al que apuntamos la vista. Y en una situación de riesgo, ese lugar suele ser el más peligroso: por ejemplo, el coche que se ha cruzado en nuestro camino y contra el que vamos a chocarnos. Al volante hay que ser conscientes de este fenómeno, y tener la mente fría para dirigir la vista, y nuestro vehículo, hacia los puntos de escape de una situación de peligro.

  1. Evaluar todo lo que nos rodea

Conducir de forma segura implica ir con mil ojos, mirando y evaluando constantemente todo lo que nos rodea para detectar posibles amenazas y estar prevenido frente a ellas. También analizar el entorno: el asfalto (sucio, baches…), si hay cruces, salidas de caminos o de casas, zonas con mucha afluencia de personas… Y todo ello, sin despistarnos en cosas que desvíen nuestra atención de lo importante, como  las vallas publicitarias, un coche parado en el sentido contrario…

  1. Ver los ojos de los demás

En muchas ocasiones no sabemos si otro conductor nos ha visto y va a tener en cuenta nuestra presencia antes de ejecutar una maniobra que podría acabar en una colisión. A veces, podemos asegurarnos de que nos han visto mirando a sus espejos retrovisores y buscando el contacto visual. A nosotros, ese rápido cruce de miradas nos confirmará que nos ha visto; y él también será consciente de que nosotros sabemos que nos ha visto.

  1. Ver a través de otros coches

No se trata de tener superpoderes, sino de saber mirar a través de los cristales de los vehículos que nos preceden. Muchas veces lo hacemos instintivamente y solo nos damos cuenta de ello cuando nos sentimos molestos circulando detrás de un furgón opaco. En estas circunstancias lo mejor es aumentar la distancia de seguridad, para tener la máxima información de lo que ocurre por delante de dicho vehículo. Mirar a través de los otros vehículos nos permite anticipar acontecimientos, por ejemplo, ver las luces de frenado del coche que va dos coches por delante de nosotros, y así poder frenar antes; o ver un obstáculo en la vía y no “comérnoslo” cuando el coche que nos precede lo esquiva en el último momento.

  1. Los malditos ángulos muertos y “zonas oscuras”

Hay objetos y situaciones que, por mucho que queramos verlas, se escapan a nuestro ángulo de visión por diferentes motivos. El más común es el denominado “ángulo muerto” de los retrovisores, que es la zona que no alcanzan a recoger por el propio diseño del coche. Especialmente sensibles a introducirse en estos ángulos muertos son las motocicletas, cuando circulan entre hileras de vehículos. La mayoría de automóviles modernos ofrecen –de serie o como opción con sobrecoste- un sistema que nos alerta de la presencia de objetos en ese ángulo muerto, mediante alertas visuales o sonoras.

  1. Los molestos y peligrosos deslumbramientos

Para tener la mejor visibilidad posible en situaciones de deslumbramiento por el sol es clave, en primer lugar, llevar gafas de sol y el parabrisas en perfecto estado. Por un lado, el cristal debe estar limpio; y por otro, no tener rayones ni impactos, pues tanto la suciedad como los desperfectos en el parabrisas provocan peligrosos reflejos que dificultan la visión. Ya sea a causa sol, o por las luces largas, o mal orientadas, de otro vehículo por la noche; un deslumbramiento puede cegarnos momentáneamente y ser muy peligroso. En esas situaciones, lo primero es no mirar directamente a la fuente de luz, y dirigir la vista hacia una referencia que nos permita seguir circulando sin salirnos del carril. Lo mejor suele ser bajar la vista hacia la derecha, y buscar la línea de la carretera o el borde del arcén; usando la visión periférica para controlar el resto de la vía.

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