Michaelangelo's famous sculpture.

La estupidez humana también viaja con los turistas

Elisabet Mejuto
Elisabet Mejuto
Elisabet Mejuto
Elisabet Mejuto

Las personas, a veces, no somos especialmente inteligentes. Y quizá sea porque nos posee una extremada estupidez o por falta de valores, todo es posible. El caso es que cuando viajamos, la estupidez se eleva a niveles desconocidos (véase Magaluf) y caemos (véase Magaluf) en el despropósito total del “todo está permitido”. Habida cuenta de que lo que viene ahora sonará moralista, pero no señor@s, no todo está permitido y menos cuando se juega con la historia del mundo. 

Buceando en la red, hemos dado con personas que por diversión han destrozado lugares emblemáticos. ¡Ojo! También a causa de la guerra se ha acabado con maravillas de la humanidad tan representativas como Palmyra o Mosul, pero hoy no hablaremos de eso. 

4 estupideces monumentales 

The Duckbill, Oregón

En Oregón, EE.UU. “había” una roca con forma de pico de pato llamada The Duckbill. La zona, es un parque natural protegido, pero no tanto como para que tres personas accediesen a él para acabar con esta roca que tras millones de años trabajada por la propia naturaleza, acabó literalmente rota y en el suelo. ¿Cuál es la multa por cargarse esta escultura milenaria? 435 dólares.

Valle de Goblin y el complejo de Iñaki Perurena

Un boy scout, provocado por adolescentes de entre 14 y 16 años, decidió derribar una roca de más de 170 millones de años porque al parecer “era un peligro”. El impresentable alegó que se encontraba suelta. Algo se encontraba suelto en su cerebro para hacer semejante majadería y nadie decidió derribarlo. Para mover y levantar piedras, existe una profesión y también grandes exponentes de este deporte, el mundo no necesita más. Seguimos. 

Moher, Irlanda y los grafiteros autoestopistas

Estas cosas no sólo pasan en EE.UU., en Europa también tenemos cerebros exquisitos. Como el caso de dos turistas franceses que estaban recorriendo Irlanda y en el acantilado de Moher, decidieron dejar su huella ¡claro que sí! 

La Piedad de Miguel Angel

Y por último, el Vaticano. Cosa muy distinta sería, romperle un brazo a “La Piedad de Miguel Angel” ¿verdad? Pues esto también ocurrió, triste pero cierto. En 1972 un geólogo australiano de origen húngaro, llamado Laszlo Toth, golpeó unos segundos el rostro y uno de los brazos de la Virgen con un martillo hasta en 15 ocasiones mientras gritaba ¡Yo soy Jesucristo resucitado de entre los muertos! Siendo Jesucristo no vio venir que le iban a reducir y detener, porque fue lo que ocurrió, ¡qué le vas a hacer, cosas del directo! (debió pensar). 

Custodiar y asegurar la naturaleza, no es tarea fácil, porque los bienes inmateriales incluyen  todas las prácticas; desde expresiones o tradiciones, hasta técnicas de artesanía heredadas de nuestro pasado. Puede parecer curioso que se proteja una tradición de la misma manera que un monumento, pero lo cierto es que ambos están dotados de un valor incalculable. 

En el caso de los museos o entidades privadas, por ejemplo, los seguros son una pieza fundamental para la subsistencia de estas partes de la historia, para proteger y reparar las obras o restituirlas cuando son dañadas, y siempre en la medida de lo posible. El problema es que, precisamente, a veces no es posible: cuando nos hallamos ante una obra de arte o un bien de valor histórico que ha sido estropeado, lo perdemos para siempre. En cualquier caso, los especialistas en este tipo de seguros destacan que en el ámbito del arte, como en cualquier otro nicho de mercado, nunca hay que olvidar que la prima irá en correlación con el valor del bien asegurado: es decir, a mayor valor a proteger, mayor será el coste.

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