La conciencia de los coches sin conductor

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Redacción
30 de agosto de 2017

La revolución de los vehículos autónomos conlleva nuevos dilemas morales

En unos pocos años cambiará totalmente el panorama del tráfico de vehículos. Los coches, tal como los entendemos ahora, pasarán a mejor vida y proliferarán los coches autónomos, que no precisan conductor y transportan a los pasajeros de forma eficaz, mientras los ocupantes duermen, leen, trabajan, hablan por teléfono o ven vídeos.

Hay varias industrias involucradas en esta carrera. Por un lado, las compañías tradicionales de coches están preparando sus nuevos modelos. A su lado, otras compañías más nuevas, como Tesla, pero que en los últimos años ya operan en la industria del motor.  Y, por último, las grandes compañías tecnológicas que invaden todos los territorios de la economía. Son los Amazon, Google o Apple, que disponen de casi infinitos recursos y de una vocación innovadora.

La principal preocupación de los ciudadanos es saber si estos coches inteligentes serán suficientemente seguros. Y hay una pregunta clave: en caso de duda ante una colisión, ¿por quién optará el coche? ¿Intentará salvaguardar siempre la integridad de los ocupantes del vehículo o tomará el bien común como criterio para guiarse? En un período corto, veremos cómo los coches sin conductor tendrán que decidir en décimas de segundo en ocasiones ante situaciones de gran peligro.

El prestigioso MIT de Boston (Instituto de Tecnología de Massachusetts) ha creado un sencillo programa que pone al conductor ante la tesitura con la que toparán las máquinas. El objetivo de esta iniciativa es recoger la opinión de miles de conductores. El proyecto se llama ‘Máquina moral’ y pone al conductor ante la elección de a quién salvar en caso de accidente. Esta máquina ofrece 13 situaciones distintas y el juego consiste en elegir prioridades de salvación de personas. Plantea cuestiones morales y dos opciones. Por ejemplo, nuestro vehículo pierde el control porque los frenos fallan y se dirige a gran velocidad directamente hacia un grupo de personas que cruzan por un paso de cebra. El dilema es claro: o atropellamos a los peatones o los esquivamos y hacemos que nuestro coche colisiones con el elevado riesgo de morir. El juego obliga también a elegir entre niños, ancianos, mujeres embarazadas…

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