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Humor como escudo social a la crisis

Elisabet Mejuto
Elisabet Mejuto
Elisabet Mejuto
Elisabet Mejuto

El óxido nitroso (N2O) es un gas no inflamable con sabor dulce que inhalado provoca risas, relajación muscular y en la odontología se considera un sedante seguro. Para la situación actual de crisis sanitaria, un camión cisterna no estaría demás, pero ¡a domicilio! Debería ser una medida incluída dentro del BOE, suministro de N2O obligatorio y con financiación gubernamental. Dejando las bromas a parte, queremos profundizar en el humor en tiempos de crisis.

Quizás por la creación del perfil de Twitter del COVID-19 o porque somos así, la primera reacción social a esta crisis sanitaria ha sido la risa; ha surgido la necesidad imperiosa de reirnos “del virus chino”. Con memes, con canciones, con la personificación del virus o como ha hecho el Ministerio de Salud de Vietnam; creando un baile en Tik Tok para “hacer retroceder al virus”. 

Una de las míticas biblias para los cómicos es «Cómo orquestar una comedia» de John Vorhaus. El guionista, explica cómo la parodia y la sátira se convierten en algo delicado porque hay que medir con absoluta precisión cuánto sabe el público sobre el tema. Puede ser gracioso reirse de las normas de la legislatura malaya; pero si el público desconoce la política de ese país, no funcionará.

Pero qué ocurre cuando la broma y el chiste, forman parte de tu trabajo en una situación tan delicada como la actual, donde sabemos todo; desde el número de víctimas que hay cada día, hasta cómo hay que lavar la fruta. 

Profesionales del humor

Tanto María Rovira, más conocida como Oye Sherman, como Charlie Pee, ambas cómicas, guionistas y periodistas, afirman que en tiempos de crisis puede costar un poco más escribir sobre este tema, por la falta de estructura y rutinas, pero debido al contexto actual, el poder catártico es mayor.

“Intento hacer chistes para quitarle hierro al asunto. Ahora en el confinamiento estoy sola con dos perras, les puedo preguntar a ellas pero no creo que me respondan. Creo que tiene que ver más con la persona y no tanto con la profesión” comenta Charlie Pee.

María Rovira por su parte, apela al humor como distensión necesaria: “también es una forma bonita de relacionarse con los demás. En momentos de conflicto, decepción o tristeza ayuda a construir desde otro lugar. Supongo que esto, me ayuda en mi ámbito personal”.  

Cultura y Humor

«No sé qué culturas tienden a reírse más de las desgracias, creo que quienes tienen el copyright y la máxima autoría, son los judíos. El humor inglés tiene fama de salvaje. Creo que la capacidad de hacer humor sobre temas delicados (que no es lo mismo que atacar a colectivos vulnerables), es una señal de civilización más madura» declara Rovira.

Partiendo de la premisa que la cultura puede marcar el humor y viceversa, Charlie Pee relata una anécdota personal para ilustrarlo: «hice un monólogo sobre el aborto en Londres, el país del aborto libre; y la gente se rió muchísimo. El mismo texto lo repetí en Irlanda donde tienen una legislación más restrictiva respecto al aborto, y nada, muchos chistes no entraron».

Humor y psicología

Profundizando un poco en la psicología del humor, encontramos que “el humor -según Jhon Morreall- se basa en gran medida en la desconexión emocional”, en ese poder transformador al que se referían las cómicas.

Porque el humor, según numerosos estudios (Zweyer, Velker y Ruch 2004) afirman que “el disfrute de la comedia es capaz de elevar la tolerancia al dolor subjetivo, durante al menos media hora”. Media hora donde somos capaces de huir y de mirar esta crisis desde otro lugar, con distancia, para poder reírnos y no verla como una amenaza.

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