Evita que te estafen en los pisos turísticos

Consejos y precauciones que debéis tener muy en cuenta si pensáis alojaros en un piso turístico estas vacaciones

Es innegable que el tema de los pisos turísticos fue un boom. En un inicio resultaba realmente rentable, debido al efecto novedad y, como no, a la falta de regulación. Si bien es cierto que desde hace poco más de un año las leyes se han puesto más duras al respecto, esta opción de alojamiento sigue siendo una de las favoritas y no falta oferta.

Anteriormente ya hablamos de la posibilidad de poner en alquiler una propiedad y lo qué debíamos tener en cuenta para no llevarnos más disgustos que alegrías. En este artículo nos situamos en el bando contrario para daros algunos consejos si estáis pensando en alojaros en un apartamento turístico.

  • Antes que nada, informaos bien de las normas de la plataforma a través de la cual estáis alquilando. Comprobad que sea la web segura (https://) y verificada y, aunque cueste, leed atentamente las políticas de cancelación y qué garantías ofrecen.
  • Buscad referencias sobre el alojamiento, comentarios y reseñas que tenga el perfil del arrendador.
  • No hagáis gestiones fuera de la plataforma, siempre amparaos en la protección de seguir los pasos marcados por la empresa por si tuvierais que reclamar.
  • Preguntad si está cubierta la responsabilidad civil o si existe algún tipo de seguro incluido como alguna póliza que cubra posibles daños en la vivienda o robo.

Como ya debéis saber si vivís de alquiler, en esos casos la póliza del hogar de vuestro casero no os cubre ni a vosotros ni a vuestras pertenencias. Así que para estar protegidos de robos o disponer de cobertura de responsabilidad civil por daños a terceros, la solución es disponer de un seguro para inquilinos. Si vais a alojaros en un piso turístico, las recomendaciones son las mismas. ¿Es obligatorio? No. ¿Es recomendable? Mucho. Solamente hace falta que os relate tres hipotéticas situaciones:

  • Volvéis a las tantas, con la emoción de las vacaciones y algún mojito de más, por lo que sea no atináis bien con la llave, la cual seguís queriendo meter a la fuerza con cabezonería. Se os acaba rompiendo tanto la llave como el bombín. Eso vais a tener que pagarlo y, muy probablemente, el cerrajero que os saque del apuro también.
  • Bajáis a la playa de noche a comer un helado por el paseo y decidís dejar el balcón/ventanas abiertos o la puerta sin pasar la llave. “Total, es un momentito y estamos aquí mismo”. Cuando volvéis os han entrado a robar y se han llevado vuestras maletas. Ni siquiera han tenido que romper nada. En bandeja de plata, y la responsabilidad es vuestra.
  • Os habéis llevado un secador de pelo portátil comprado por cuatro céntimos en un portal chino de internet. Resulta que tiene algún pequeño defecto de voltaje y al enchufarlo causáis daños en la instalación eléctrica. Tenéis un problema.

Son situaciones mucho más comunes de lo que creemos, y, como estas, tantas otras. Para evitar malos tragos y no acabar invirtiendo el tiempo de vacaciones en papeleo y discusiones, lo mejor es dejar que el seguro se ocupe de ello, que para eso está.

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