¿Estoy triste o tengo depresión?

Detectar a tiempo una depresión nos ayuda a superarla antes

En muchas ocasiones, utilizamos la palabra depresión de una forma errónea o frívola. Es decir, son muchas las personas que dicen que se deprimen porque anochece antes en invierno; porque ven una determinada película o escuchan una canción melancólica; porque se acaban las vacaciones o simplemente porque es lunes… Pero, todo esto no tiene nada que ver con lo que significa -en realidad-, padecer esta enfermedad, la cual implica una tristeza muy intensa y duradera.

Ahora bien, la primera duda que surge es: ¿cómo sé si estoy triste o deprimido? ¿Es lo mismo? De entrada, se debe aclarar que a lo largo de nuestra vida, es normal que  nos sintamos tristes en algún momento. Sobre todo, tras vivir experiencias dolorosas, frustrantes, desafortunadas o estresantes como: la pérdida de un familiar, un divorcio, el desempleo, una grave enfermedad… Pero, si van pasando las semanas, los meses y no lo superamos, ya serían palabras mayores.

La línea que separa la tristeza de la depresión es muy fina, por eso, conviene saber a qué nos enfrentamos para poder abordar cada caso como es debido, ya que es fundamental prevenir o tratar esta patología bien y a tiempo, porque el riesgo de sufrir recaídas es muy elevado, si no se asiste adecuadamente.

Las diferencias entre tristeza y depresión

Generalmente, la tristeza suele ser temporal, no afecta tanto a la vida cotidiana como la depresión, considerada un trastorno mental que incluso afecta a la bioquímica y estructura de nuestro cerebro.

Además, como hemos comentado, normalmente nos sentimos desanimados por uno o varios motivos en concreto. Sin embargo, en el caso de la depresión, no es necesario que haya ocurrido un hecho dramático, porque influyen otros factores como los genéticos, cambios neurobiológicos y ambientales.

A pesar de las definiciones, a veces no es fácil saber si nuestros familiares o amigos están pasando una mala racha o bien, es algo más serio. Pero, si detectas alguno de estos síntomas en ellos durante más dos semanas; todo indica que la están padeciendo y por lo tanto, deberemos actuar en consecuencia. Toma nota:

  • Desánimo la mayor parte del día.
  • Disminución clara del interés o de la capacidad para disfrutar de lo que haces. Llegando a ser incapaces de sentir ningún tipo de placer.
  • Pérdida de peso sin hacer dieta o aumento de peso.
  • Insomnio o somnolencia casi cada día.
  • Agitación o ritmo lento en los movimientos, fatiga o pérdida de energía.
  • Sentimientos de inutilidad. Se manifiestan porque los afectados tienen baja autoestima y se sienten totalmente prescindibles, incluso tienen la sensación de ser una molestia para el resto de las personas.
  • Sentimientos de culpabilidad. Las personas depresivas tienden a auto culparse de todo lo que ocurre a su alrededor, aunque no hayan tenido ninguna responsabilidad.
  • Disminución de la capacidad para pensar o concentrarse en cualquier actividad por sencilla que sea.
  • Irritabilidad. Algunas personas pueden aumentar su temperamento y hasta, en ocasiones, perder el control.
  • Pesimismo. Esta actitud puede llevar a un ‘callejón sin salida’ del que a veces es muy complicado escapar.
  • Pensamientos negativos que vienen a la mente una y otra vez, llegando incluso -en los casos más graves-, a pensar en el suicidio.

Por otra parte, en cuanto a los perfiles más propensos a padecer esta enfermedad, varios estudios médicos afirman que suelen ser las personas que siempre intentan dar el 100% de sí mismas, tanto en casa como en el trabajo y que al final del día, no les queda ni un minuto para ellos.

De hecho, esta patología afecta el doble al sexo femenino que al masculino. Las mujeres suelen estar más sometidas a presión social. En el ámbito laboral tienen que demostrar más que sus compañeros para por ejemplo, mejorar o ascender… Además, trabajan fuera de casa y en la mayoría de casos, todavía hacen más tareas domésticas que sus parejas. Todo ello se traduce en estrés, en frustración, porque no se llega a todo y esa sensación puede acabar desembocando en depresión.

En definitiva, identificar las causas que conducen a este trastorno es el primer paso para tratarlo y para empezar a ver la luz al final del túnel. Por supuesto, no te olvides de ponerte en manos de psicólogos y profesionales expertos. En este sentido, contar con un buen seguro de salud te ayudará y mucho, ya que podrás elegir entre los mejores tratamientos y especialistas, para superar esta patología.

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