TIMO BAJO CERO (THIN ICE)

El vendedor de seguros de poca monta

Otra vez nos encontramos con la maltratada figura del vendedor de seguros, ¿por qué esa mala reputación?

Estos días han bajado las temperaturas y os traemos una propuesta cinematográfica acorde al clima. Se trata de “Timo bajo cero” y en ella se nos presenta el cliché del vendedor de seguros asociado a comercial sin escrúpulos.

El protagonista en cuestión es Mickey, interpretado por Greg Kinnear, un agente de seguros de cuestionable moralidad. Desempeña su trabajo sin miramientos y sueña con hacerse rico y salir del frío Wisconsin. En una de sus visitas conoce a un viejo un tanto excéntrico al que parece que se le está yendo la cabeza. Mickey ve un potencial cliente e intenta endosarle alguno de sus seguros y en esas descubre que el anciano posee un violín de gran valor sin saberlo.

Como os podéis imaginar, el agente de seguros tratará de hacerse con el valioso instrumento engañando al anciano pero todo se complicará y habrá incluso muertes de por medio. Cabe decir que, por la ambientación y el suspense, puede recordarnos ligeramente (y salvando las distancias) a la reputada película Fargo.

Pero hablemos de Mickey: Tenemos a un hombre de mediana edad, insatisfecho con la vida, tratando de escapar de la rutina…etc. Personaje al que se le adjudica un trabajo considerado “aburrido” y con procedimientos un tanto ruines. ¿Por qué ese concepto tan negativo del vendedor de seguros?

Lo que nos suele llegar de Estados Unidos en el sector ventas es un panorama ferozmente competitivo y en la mayoría de los casos estimulado por sistemas de incentivos. La meta es ascender, aunque tengas que pisar a tus “compañeros” que a la vez son rivales. Lo que importa es “vender, vender, vender” para “ganar, ganar, ganar”. Tanto es así que se pierde la misión básica, ética y primordial de ofrecer el producto a quien de verdad lo necesita. El foco pasa a ser, crear necesidades, hacer creer al cliente no solo que quiere el producto sino que ya no puede vivir sin él. Embaucar, valerse de regalos o descuentos, apelar al miedo del “y si…”, y varias técnicas más de dudosa deontología.

Al leer estas líneas, seguramente os viene a la mente el típico personaje trajeado y con maletín, que se planta en la puerta dispuesto a venderte lo que sea. Comercial a puerta fría; cuatro palabras de las que muchos huyen. Pero no debemos dejar que nuestro cerebro las conecte con los agentes de seguros. Por suerte, aquí, al otro lado del charco, este sector no se ha visto tan salvajemente pervertido y existe la figura clave del mediador de seguros. Estos pueden echarnos una mano a la hora de encontrar el seguro que más se ajuste a nuestras necesidades y bolsillos.

La función del mediador es asesorar a quienes estén interesados en contratar un seguro. No solo muestra al cliente las distintas posibilidades según la situación personal sino que también analiza los riesgos y las consecuencias económicas. Porque contratar una póliza de seguros no es como comprar una enciclopedia o un aspirador y, por tanto, no deben venderse del mismo modo. Aunque las técnicas de venta agresiva son reprochables sea cual sea el producto.

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