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El valor cultural no es valor comercial

La pérdida del Museo de Río ha sido un duro golpe para la cultura del país, este varapalo podría haber sido menor de haberse obligado a la institución a contratar un seguro.
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El pasado 2 de agosto de 2018 se quemó el Museo de Río de Janeiro, perdiendo más del 90% de su contenido, unas 20 millones de piezas de arte e historia irrecuperables.

Se ha hablado mucho acerca de la falta de medidas de prevención y mantenimiento causantes del desastre. Falta de brigada de bomberos, sistema antiincendios o que la red exterior no tenía caudal ni presión suficiente para atacar el fuego. Incluso que la tardanza en dar la alarma de los 4 trabajadores pudo ser crítica en la extinción, pero el caso es que ha pasado y lo hemos perdido.

Causas del incendio en Río

Pendiente de investigación en profundidad, se atribuye a dos posibles orígenes:

  • “Balones”, una especie de globo aerostático pero más pequeño que se eleva por la pequeña llama que lleva en su interior y que son muy comunes en las fiestas del país. Son causa de muchos incendios.
  • Cortocircuito, supuestamente en el laboratorio audiovisual.

El gobierno ha estipulado unas cantidades para la reparación del mismo y ha calmado a los trabajadores que se preocupaban por su puesto de trabajo.

La normativa en España

La Ley 16/1985 del Patrimonio Histórico Español indica que la protección de los bienes constituye una obligación fundamental. La Normativa actual de incendios, no es muy útil de cara a conservar los bienes culturales de los museos, ya que está más enfocada a la seguridad de las personas, por cuyo motivo los especialistas en protección contra incendios, diseñan soluciones específicas para cada museo.
Existen ciertas condiciones que pueden establecerse con carácter general:

  • Disponer de medios y procedimientos para evitar que el fuego se inicie.
  • Debe detectarse y controlarse el fuego en su fase inicial, cuando aún se puede apagar con un extintor de mano.
  • Disponer de una sectorización eficaz teniendo muy presente el paso de canalizaciones y ventilaciones.
  • Presurizar las salas para evitar que los daños producidos por los humos y gases de la combustión corrosivos causen daños.

Opciones para evitar estas catástrofes culturales

La laxitud de la normativa en cuanto a la adecuación del espacio para el almacenamiento y exposición de obras de arte ha sido clave. Se echa la culpa a la falta de subvenciones, a los recortes, todos culpan a todos, pero el caso es que el edificio no estaba preparado.

Desde que ocurrió el siniestro hemos consultado con la responsable técnica de Arte y Clientes Privados de Hiscox España, Eva Peribáñez, la cual nos confirma que “Para que se produzca la suscripción del seguro se crea un estándar, una garantía de que ese museo o espacio que alberga la colección cumple con unos requisitos de seguridad que garantizan su protección de manera integral.”

La obligatoriedad de la contratación de un seguro podría haber ayudado a mantener el museo a salvo

En España, “los museos de titularidad pública es el propio Estado quien asume las posibles pérdidas o daños que los mismos puedan sufrir, aunque las exposiciones temporales que organizan suelen asegurarse mediante una póliza comercial” confirma Peribáñez.

Nuestro territorio nacional cuenta con más de 1.500 museos entre los titulados por el estado y privados, de ellos ¿cuántos estarán asegurados o cuales cumplirán con las estrictas normal de contratación de un seguro?

El seguro comercial

Asegura todo el arte, el edificio en sí, la responsabilidad civil y los ciberataques. Es obvio que un seguro que cubriera todo el contenido del Museo del Prado sería inviable económicamente, pero aún así hay soluciones como primer riesgo, valor parcial, siniestro máximo, etc.
Estos disminuyen el coste del seguro, el cual es básico en cualquier circunstancia para que El Consorcio pueda actuar como último salvaguarda.

Cómo actua el seguro

Cuando se produce un siniestro la compañía de seguros lo primero que necesita es conocer las circunstancias que causaron la incidencia y valorar el daño, para lo que se emplean a los mejores especialistas en función del tipo de obra dañada.
Si se trata de un daño parcial lo normal es que se restaure, y si se trata de una pérdida total la compañía indemniza al propietario por el valor acordado en que se aseguró la pieza.

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