trastorno del aprendizaje infantil

La dislexia infantil no se cura pero sí puede mejorar

La dislexia no es una enfermedad, sino un trastorno del aprendizaje. Detectarla a tiempo, y contar con la ayuda y el apoyo adecuados, permitirá a los niños que la sufren desarrollar estrategias para seguir el ritmo de sus clases y continuar su aprendizaje.
Marian Mateo
Marian Mateo
Marian Mateo
Marian Mateo

La dislexia es un trastorno del aprendizaje. Uno de los varios tipos que hay. En concreto, el disléxico es una persona que tiene dificultades para aprender a leer, a pesar de tener inteligencia suficiente para ello y de querer aprender.

Así, un niño con este trastorno tiene problemas para procesar las palabras o los números. Se trata de una condición de nacimiento y las dificultades que supone no significa que estos pequeños sean tontos o vagos. De hecho, los estudios señalan que la mayoría de ellos posee una inteligencia normal, o incluso por encima de lo normal, además de esforzarse mucho en superar sus problemas para aprender. Se calcula que entre un 5 y un 10% de la población es disléxica.

Detectarla a tiempo, esencial

La dislexia se suele hacer patente durante la enseñanza primaria, cuando comienzan los procesos de lectoescritura. Sin embargo, a veces no se detecta hasta que el niño es mayor y debe leer y entender textos más largos y complicados.

Los pediatras y buena parte de los profesores son capaces de reconocer los signos de la dislexia y pueden orientar a las familias para recibir la ayuda necesaria. La forma de comprobarlo, sin embargo, requiere una evaluación exhaustiva e integral realizada por un especialista o un equipo multidisciplinar.

Si dispones de un seguro de salud, puedes contactar con tu compañía para averiguar los especialistas que pueden ayudarte, tanto en la detección como en su posterior tratamiento (logopeda, psicólogo, neuropsicólogo, psicopedagogo o pedagogo…). O, si no lo tienes este seguro, pero te interesaría contar con uno que cubriera este tipo de asistencia, tu mediador de seguros puede ayudarte a encontrar la mejor opción en tu caso. De cualquiera de las maneras, lo mejor es hacerlo cuanto antes y que cualquier trabajo de soporte se realice en coordinación con el centro escolar, para optimizar su funcionamiento. Piensa que, si se retrasa la identificación de la dislexia, los problemas con la lectura pueden agravarse, además de producir problemas en la autoestima del niño.

Algunas pistas

Durante la formación infantil y de primaria, la dislexia puede causar dificultades en algunos de los siguientes aspectos del aprendizaje (aunque no necesariamente):

  • aprender a hablar
  • pronunciar bien palabras largas
  • hacer rimas
  • aprender secuencias (alfabeto, días de la semana, colores, formas o números)
  • identificar los nombres de las letras y sus sonidos
  • escribir y leer su propio nombre
  • separar las palabras en sílabas (mo-ne-da)
  • leer y escribir palabras con el orden correcto de letras (“sal” en lugar de “las”)
  • caligrafía y lo que se llama ‘coordinación motora fina’

Cuando los niños son mayores, o incluso adolescentes o adultos, pueden darse también los siguientes signos:

  • no querer leer o escribir
  • especial lentitud al realizar deberes escolares que supongan leer o escribir y también al hacer exámenes
  • leer y escribir muy por debajo de su nivel de estudios
  • dificultades a la hora de aprender otro idioma

Mitos que no ayudan

El desconocimiento sobre la dislexia infantil ha dado lugar a diversos mitos o falsas ideas sobre ella y sobre cómo ayudar a los que la sufren.

– Es una enfermedad y se cura (Fake!)

Ya lo hemos avanzado: no es una enfermedad, sino un trastorno del aprendizaje. Por lo tanto, no se cura, pero sí puede mejorar, señalan investigadores de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC).

– Escribir palabras de forma especular, confundir las letras o no diferenciar derecha e izquierda son signos seguros de dislexia (Fake!)

Ninguna de las tres cosas es cierta, insisten los expertos de la UOC. Los niños con este trastorno tienen una especial dificultad para establecer la relación entre las grafías (la forma escrita del habla) y los fonemas (los sonidos). Por ello, este proceso para relacionar no se automatiza y siempre es muy lento. Leer y escribir es como aprender a montar en bicicleta: requiere del aprendizaje y coordinación de muchas tareas a la vez (pedalear, mantener el equilibrio, controlar el manillar…). Con el tiempo, cuando lo dominamos, lo hacemos de forma automática y casi no requiere un esfuerzo consciente. Sin embargo, el disléxico no acaba de lograr esa automatización de tareas y cada vez que lee o escribe debe esforzarse en hacer toda y cada una de las partes del proceso. Por eso es tan lento.

En las primeras fases del aprendizaje es común que se confundan algunas letras, o escribir ‘del revés’, sin necesidad de sufrir dislexia. Pero después estos errores se van corrigiendo.

– Si cuesta aprender a leer y escribir, dislexia garantizada (Fake!)

Si se producen problemas en este ámbito, lo mejor es realizar una valoración por parte de un experto, ya que las causas pueden ser otras. Muchos profesores tienen la formación necesaria para detectar si un niño puede ser disléxico. Y, si tienes sospechas pero el centro escolar no ha informado de nada, siempre se puede acudir a un especialista.

– La dislexia se produce por no leer lo suficiente (Fake!)

Si un niño no recibe una instrucción lectora adecuada y no lee regularmente, tendrá un nivel bajo de lectura, pero ello no le producirá dislexia. En el momento que trabaje con más intensidad este aspecto, mejorará.

– Sólo con esfuerzo, la dislexia se corrige (Fake!)

Los niños con dislexia no son vagos, sino que les cuesta mucho más que a los demás. Ten cuidado con las frases tipo “eres un poco vago” o “¿ves como si te esfuerzas lo consigues?”; podríamos hacer creer al niño que lo que le pasa es culpa suya. Se requiere esfuerzo, sí, pero también ayuda externa.

Los niños disléxico sacarán siempre peores notas (Fake!)

Es cierto que un porcentaje elevado de personas disléxicas tiene problemas académicos. Pero pueden ser corregidos. La UOC señala que, para el buen desarrollo educativo de estos niños disléxicos, es esencial que el colegio asuma las adaptaciones necesarias para ayudarlos. Las comunidades autónomas establecen unos protocolos de asistencia, que incluyen exámenes adaptados, audiolibros, letras más grandes, o más tiempo de dedicación a la lectura y la escritura.

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