Cuando la causa del siniestro es la fuerza de la naturaleza

¿Conoces la figura del Consorcio de Compensación de Seguros español? Es un organismo único en el mundo que cubre, en muchos casos, los daños provocados por fenómenos naturales extraordinarios, como las lluvias torrenciales.

Los temporales de nieve, viento, granizo o lluvia (como las torrenciales recién vividas en Barcelona) pueden dejar tras de sí daños importantes en el coche, la casa, el jardín, los cultivos…

¿Quién se hace cargo de estos estragos?

Cuando estos fenómenos de la naturaleza están catalogados como riesgos extraordinarios, las aseguradoras no se hacen cargo de los daños. De un día para otro, nos vemos inmersos en la preocupación de tener que afrontar todos los gastos de reparar los daños sufridos. Pues no es así. Para eso existe el Consorcio de Compensación de Seguros, un organismo público que indemniza por los daños producidos a causa de fenómenos naturales o derivados de hechos de incidencia política o social a aquellos que tengan previamente contratado un seguro.

Además, también cubre los daños personales ocasionados por los vehículos que se dan a la fuga tras causar un accidente.

Si tienes un corredor de seguros, será esta figura la encargada de gestionarte la solicitud de indemnización y, en muchas ocasiones, será la propia aseguradora quien lo gestione.

Pero si no es así, no pasa nada: el trámite puedes hacerlo tú mismo.
El Consorcio aloja en su página web una guía rápida para solicitar la indemnización, donde detalla las condiciones de acceso y quedan recogidas todas las causas que dan derecho a ella:

  • Inundaciones extraordinarias
  • Embates de mar
  • Tornados y vientos con rachas superiores a los 120 km/h
  • Terremotos, maremotos y erupciones volcánicas
  • Caída de aerolitos
  • Actuaciones de las Fuerzas Armadas o los Cuerpos de Seguridad en tiempos de paz
  • Hechos violentos como consecuencia de terrorismo, rebelión, sedición, motín o tumulto popular.

Ahora bien, no todos los daños que causa un temporal tienen que ser considerados daños extraordinarios. En caso de que no se encuentren en los supuestos previstos por el Consorcio, hay que revisar el seguro contratado, ya que es posible que nuestra póliza los cubra. Así, por ejemplo, en los seguros de automóvil a todo riesgo generalmente están cubiertos los daños por granizo y en algunos seguros de responsabilidad civil también se incluyen los riesgos extraordinarios. Además, algunos seguros del hogar prevén la cobertura de daños por fenómenos de la naturaleza cuando éstos no llegan a la intensidad que marca la intervención del Consorcio de Compensación.

En todos los casos, es fundamental recopilar todas las pruebas posibles para demostrar el origen y las consecuencias de los daños, ya sea con recortes de prensa, fotografías propias, informes oficiales o con testigos. Y siempre es muy útil contar con un asesor de seguros profesional, que no sólo nos asistirá de forma previa a la hora de elegir las coberturas más adecuadas, para estar lo mejor protegidos posible, sino que también nos ayudará en caso de tener que reclamar por riesgos extraordinarios que vayan más allá de los seguros contratados.

¿Cómo nació?

El Consorcio de Compensación de Seguros español es una institución única en el sector asegurador internacional. ¿De dónde saca el dinero de la indemnizaciones? Del bolsillo de todos los que contratan un seguro, ya que éstos, dentro de su prima, pagan una aportación obligatoria para este fin, que permite garantizar la cobertura ante situaciones extraordinarias.

Los antecedentes de este organismo público se remontan al año 1941, cuando se creó el Consorcio de Compensación de Riesgos de Motín para dar respuesta a las pérdidas originadas por la Guerra Civil, aunque también sirvió para atender grandes siniestros, como los incendios de Santander (1941), Canfranc (1944) y El Ferrol (1944), la explosión de minas de La Marina (1947) y la explosión del polvorín en Alcalá de Henares (1948).

Fue en 1954 cuando adquirió carácter permanente y pasó a llamarse Consorcio de Compensación de Seguros (CCS). Empezó cubriendo sólo los riesgos extraordinarios pero se amplió al seguro de crédito a la exportación, al agrario, al de responsabilidad civil de automóviles de suscripción obligatoria, al seguro obligatorio de viajeros, al del cazador y al de responsabilidad civil de riesgos nucleares.

Ya en 1998 su actividad se abrió también a los riesgos medioambientales y, en 2002, asumió las funciones de liquidación de entidades aseguradoras.

Una tranquilidad para todos porque nunca se sabe cuando podemos vernos afectados por algún tipo de catástrofe…

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