Cómo evitar el síndrome de la clase turista

No cruzar las piernas, levantarse o hidratarse son algunas de las pautas para prevenirlo

Se acercan las vacaciones de verano, una época en la que todos y todas solemos viajar mucho más. Si vamos a coger un avión en los próximos meses, nos interesa saber qué es y cómo prevenir el llamado síndrome de la clase turista.

¿En qué consiste es el síndrome de la clase turista?

Esta patología, en terminología médica se denomina trombosis venosa profunda y afecta a una de cada 1.000 personas, especialmente en trayectos de más de cuatro horas. Además, el riesgo de sufrirla aumenta considerablemente a medida que se suman horas de viaje, según afirma la Sociedad Española de Trombosis y Hemostasia (SETH).

Aunque también podemos padecerlo, si viajamos en otros medios de transporte como el tren o autocares, es más habitual en el aéreo, dada la poca humedad dentro del habitáculo y la disminución relativa de la presión barométrica.

Pero, ¿por qué se produce el síndrome de la clase turista? Principalmente, porque al haber tan poco espacio para mover las piernas en los aviones, la circulación sanguínea de estas extremidades se ralentiza y la sangre se espesa, pudiendo llegar a formar coágulos si el viaje es muy largo. El mayor peligro reside en el hecho de que estos coágulos pueden ser liberados y acabar provocando una embolia de pulmón.

Los síntomas de esta afección aparecen habitualmente durante el trayecto, aunque en algunos casos pueden aparecer posteriormente, e incluso días después. Entre los síntomas más frecuentes se encuentran el dolor en la parte alta de la pantorrilla o muslo, hinchazón o aumento de la temperatura corporal, aunque también pueden manifestarse síntomas generales de fiebre, aceleración del pulso o dolor de pecho. Además, si ya lo hemos sufrido en alguna ocasión, seremos más propensos a volverlo a padecer.

Ahora bien, debemos estar informados y ser previsores sin alarmarnos. Tal como indica la Fundación Española del Corazón, el síndrome de la clase turista es poco habitual en personas que no padecen factores de riesgo, no llegando al 1% de prevalencia. Sin embargo, el riesgo de padecerlo aumenta hasta un 4% o un 5% en aquellas que sufren patologías como sobrepeso, hipertensión o antecedentes cardiacos, consumen medicamentos como estrógenos o anticonceptivos orales, presentan una edad avanzada, padecen de enfermedades de coagulación, han sido operados recientemente, consumen alcohol y tabaco, están en periodo de embarazo o postparto, etc.

Consejos para combatir el síndrome de la clase turista

Así pues, si vamos a hacer un viaje largo en avión o en otro medio de transporte, no está de más tener en cuenta las recomendaciones de la Fundación Española del Corazón para evitar el riesgo de sufrir el síndrome de la clase turista:

  • Evitar cruzar las piernas. La postura idónea será aquella en la que el pasajero pueda estirar las piernas al máximo posible en posición recta. Cruzar las piernas, o doblarlas en exceso, es una de las principales causas que favorece la aparición de este síndrome. Siempre que se pueda, una buena opción es elegir los asientos del pasillo, ya que nos podremos levantar con más facilidad.
  • Levantarse cada dos horas. En aviones y trenes, levantarse y caminar por lo pasillos con frecuencia nos ayudará enormemente a prevenir los riesgos de sufrir trombosis venosa profunda. Pasear o hacer ejercicios y estiramientos básicos nos facilitará la circulación en las piernas y minimizará las posibilidades de que se forme un trombo. Si viajamos en autobús, caminar por los pasillos no es posible, por lo que os recomendamos aprovechar las paradas regulares para bajar del vehículo y caminar un rato.
  • Hidratarse. Tanto antes como durante el viaje, es recomendable hidratarse correctamente bebiendo agua de forma regular y reduciendo el consumo de bebidas que favorecen la deshidratación como el café, té o alcohol.
  • Llevar ropa cómoda y holgada. Con el objetivo de favorecer la circulación de la sangre en las piernas, dejaremos en el armario nuestra ropa más ajustada, ya que pueden causar presión en zonas como la cintura o los tobillos.

Además de estas recomendaciones, en caso de tener antecedentes de mala circulación, es recomendable que se utilicen medias de compresión para evitar la acumulación de líquidos en las piernas. Además, si padecemos alguna enfermedad circulatoria es preciso ponerse en contacto con un médico especialista, por si fuera necesario seguir algún tratamiento específico antes o durante el viaje.

Un plus de tranquilidad con el seguro de viaje

Un último consejo para viajar con total tranquilidad es contratar un seguro de viaje para obtener la mejor cobertura sanitaria en el extranjero, en caso de necesidad.

Si contamos con un seguro de este tipo, podemos ir un poco más relajados sabiendo que recibiremos la atención sanitaria necesaria. Hay que decir que en el extranjero, las políticas sanitarias son diferentes de las españolas y a veces, nuestra tarjeta sanitaria no tendrá efectos en algunos países europeos y no tendrá ningún efecto fuera de la UE. Por lo tanto, esto puede suponer un elevado coste, si necesitamos ser atendidos fuera de nuestro país, especialmente en destinos como Estados Unidos o Asia.

Finalmente, el seguro de viaje también nos da cobertura en otras situaciones: como la  cancelación de nuestro vuelo-cubriendo los gastos de anulación del mismo-; si se pierde o nos roban nuestro equipaje; si surge un imprevisto y tenemos que cancelar nuestra escapada… En todos estos casos podríamos recuperar toda o parte de nuestra inversión.

Así pues si queremos viajar con menos preocupaciones, no podemos olvidarnos de llevar en nuestra maleta el seguro de viaje. En caso de duda o de querer ampliar información, os recomendamos que consultéis con profesionales del sector.

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