El Chapecoense todavía llora

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Redacción
28 de noviembre de 2017

Un año después del accidente aéreo la tragedia sigue presente y, además, los familiares no han cobrado las indemnizaciones del seguro

El accidente aéreo sufrido por un equipo brasileño de fútbol, el Chapecoense, conmocionó al mundo. La tragedia del vuelo 2933 dejó 71 muertos y seis supervivientes que milagrosamente se salvaron. Un año después la tragedia sigue viva y con algunos flecos por resolver. Los familiares de los fallecidos y las seis personas que sobrevivieron luchan todavía por cobrar las indemnizaciones por parte de la compañía aseguradora de las líneas aéreas LaMia, propietaria del avión que se estrelló.

Los afectados por esta catástrofe aérea asisten atónitos a un proceso que no parece tener fin y que arrancó pocas horas después de sufrir el terrible accidente. Entonces, la aseguradora responsable de la póliza, la compañía boliviana Bisa, alegó que no podía pagar las indemnizaciones debido a que LaMia había atrasado el pago del servicio. Álvaro García Linera, vicepresidente de Bolivia, reconoció meses después del accidente que se estaba investigando la actuación de LaMia Corporation, registrada en Bolivia, por posibles irregularidades. Por su parte, Fabiano Emery, el abogado que representa a 18 familiares de las víctimas y a los tres futbolistas que sobrevivieron, explicó que «tuvimos varias reuniones en Brasil con la aseguradora y anunciaron que no iban a pagar el seguro porque LaMia no cumplió con partes del contrato».

Emery reveló que Bisa y reaseguradoras inglesas ofrecieron crear un fondo humanitario de 200.000 dólares por víctima, pero a cambio los familiares debían firma la renuncia a efectuar acciones legales contra cualquier empresa y contra el club. La póliza contratada era de 25 millones de dólares (21 millones de euros), lo que significa que de firmar el acuerdo Bisa y las reaseguradoras se ahorrarían una buena parte de esta cantidad. Las familias rechazaron la oferta. El abogado señala que «entendemos que uno de los responsables de asumir el pago es la empresa británica AON, que fue la que ofreció e intermedió ese seguro de Bisa con LaMia».

Durante este año, la investigación ha permitido conocer detalles que desvelan como se produjo el desgraciado accidente. El Ministerio de Obras Públicas, Servicios y Vivienda de Bolivia tardó solo un mes en concluir que «la responsabilidad directa del accidente la tienen la empresa y el piloto (Miguel Quiroga, muerto en el accidente)». LaMia disponía de tres aviones, pero solo uno estaba en condiciones de volar. El modelo era un Avro Regional Jet 85, con una autonomía de vuelo de 2.965 kilómetros. El 28 de noviembre de 2016 debía recorrer 2.960 kilómetros entre Santa Cruz (Bolivia) y Medellín (Colombia) con la delegación del club brasileño.

Celia Castedo, controladora aérea del aeropuerto de Santa Cruz, advirtió que el tiempo de ruta era igual a la autonomía de vuelo y que el combustible no era suficiente para llegar a Medellín. Su observación técnica fue pasada por alto por sus superiores de la Administración de Aeropuertos y Servicios Auxiliares de la Navegación Aérea de Bolivia (AASANA). El avión viajó sin tener registro de un segundo aeropuerto alterno para aterrizar en caso de emergencia. Al quedarse sin combustible, se produjo el accidente. LaMia cobró 140.000 dólares (unos 118.000 euros) por realizar el vuelo.

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