Acoso escolar

Acoso escolar: ¿qué hago si mi hij@ es el agresor?

La ayuda conjunta entre padres, escuelas y educadores es fundamental para ponerle fin a este problema
Erika Parlon
Erika Parlon
Erika Parlon
Erika Parlon

Hoy en día, todos somos más conscientes de las graves consecuencias del bullying o acoso escolar para nuestros hij@s. Tal es así, que en los colegios disponen de protocolos de actuación específicos para frenarlo a tiempo; se llevan a cabo campañas de concienciación en los medios de comunicación para visibilizar y sensibilizar sobre esta problemática y un largo etcétera.

Ahora bien, cuando hablamos de acoso escolar, hay una cosa que nunca falla; lo primero que nos viene a la mente es la víctima y no el acosador. Pero, ¿qué ocurre si lo miramos desde la otra perspectiva? Es decir, ¿qué pasa si nuestro hijo es el agresor? ¿Cómo debemos actuar? ¿Ha sido porque no le hemos educado bien? 

Cómo identificar lo que le lleva a comportarse así…

De entrada, cabe decir que ningún niño o adolescente es violento porque sí. Es decir, en la mayoría de ocasiones muestran comportamientos agresivos porque están atravesando una mala época: que sus padres se estén divorciando; que un familiar se ha puesto enfermo de gravedad; no encajan dentro del grupo de amigos; o, incluso, puede que hayan sido víctimas de bullying anteriormente.

Como vemos, las causas pueden ser muy diversas, pero la cuestión es que siempre hay un motivo detrás de esas conductas. Y, en el caso de que se trate de nuestro hijo o hija, el primer paso como padres será intentar identificar cuál es la causa que le está moviendo a comportarse así.

Según afirman varios expertos y psicólogos, en muchas ocasiones los padres son los últimos en enterarse. Aunque, también se dan casos de progenitores que reconocen que las actitudes de violencia de su hij@ también están presentes en casa y no saben cómo reconducir el problema.

Lo importante es que nunca es demasiado tarde para solucionar esta situación, ni para ponerles límites y fronteras claros. Por eso, si observamos que nuestro hij@ suele burlarse de sus compañeros, no muestra empatía, es intolerante a la frustración, no suele presentar sentimientos de culpa y busca argumentos que justifiquen sus agresiones, no les gusta respetar las normas o tiene una actitud agresiva o violenta, debemos ponernos en alerta y actuar lo antes posible.

En primer lugar, evitaremos cualquier pronto de castigo contundente, pero sí que debemos hacerle ver las consecuencias de sus actos. Por supuesto, nuestra actitud no será la de defenderle a toda costa y negar las evidencias; al contrario, trataremos de averiguar de manera objetiva lo que está pasando, las razones que hay detrás.

Una vez hemos identificado el problema que le está llevando a tener ese comportamiento, es imprescindible abordarlo y trabajar en ello. Si es necesario, solicitaremos ayuda psicológica.

Lógicamente, como padres tenemos que dar ejemplo. Por eso, debemos escucharles, prestarles más atención, crear un clima de confianza para que nos expliquen qué les está sucediendo, por qué se comportan así. Y muy importante: cuidar nuestra forma de hablar y de comportarnos delante de ellos. Es decir, evitaremos los insultos, hablar mal o en tono burlesco de los vecinos, discutir delante de ellos, etc. 

Como hemos comentado, muchas veces los padres son los últimos en enterarse. Esto suele ocurrir porque no existe un único perfil de agresor. Podría tratarse de un niño con un comportamiento conflictivo en general – en este caso, sería fácil detectarlo-, pero también podría ser que fuera un niño con una conducta en casa ejemplar, que saca muy buenas notas… Por lo tanto, si desde la escuela nos llaman para decirnos que nuestro hij@ está teniendo comportamientos abusivos contra otro niño o niña, lo primero que debemos hacer es responsabilizarnos de la situación. 

Esto no quiere decir que seamos culpables, para nada; pero debemos hablar con él o ella, con el colegio, descubrir lo que está pasando, contar con la ayuda de profesionales… Es decir, hacer frente a la situación para poder solucionar este problema de la mejor manera.

No cabe duda que, para la mayoría de padres, recibir una noticia así es un disgusto muy grande y, aunque de entrada, algunos no puedan creérselo, o incluso lo nieguen con frases del estilo: “¿quién ha dicho eso?”, “¿dónde está la prueba?”, “mi hijo no pega a nadie”… En la mayoría de casos, acaban colaborando. 

Porque no hay otra forma: la ayuda conjunta entre padres, madres, escuelas y educadores es imprescindible para tratar estos temas de la mejor manera. Sólo colaborando todos juntos y coordinados se pueden resolver este tipo de situaciones.

Por otra parte y una vez más, contar con un seguro de salud puede ayudarnos y mucho. En este caso, va a facilitar el acceso a la sanidad privada y a los mejores especialistas y psicólogos, para poder abordar el problema y que acabe siendo una cosa del pasado. Y para evitar que el problema vaya a mayores, si hay en marcha medidas legales, no está de más contar con un buen seguro de asistencia jurídica, que aportará consejo experto sobre cómo actuar en estas situaciones.

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