Los efectos de la pertinaz sequía

La falta de agua pone los seguros agrarios bajo la lupa, mientras los agricultores reclaman la necesidad de actualizarlos para adaptarse a la actual realidad

 

La sequía que España está sufriendo actualmente ha puesto en evidencia las carencias del sistema de cobertura de siniestros, que debe adecuarse a la realidad de los cultivos y a la situación actual del sector. Esta sequía es la peor que se recuerda y los datos lo confirman, ya que desde que se registran nunca se había llegado a una situación tan extrema como la actual. De hecho, se estima que será el año con mayores indemnizaciones y mayor superficie siniestrada de la historia.

La incidencia en España ha sido desigual. Los datos facilitados por Coag (Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos) reflejan que en Castilla y León, por ejemplo, se esperan pérdidas de 1.300 millones de euros solo en lo que respecta a la cosecha de cereales, mientras que en Andalucía el olivar se está viendo muy afectado y en Castilla-La Mancha se prevé un descenso del 10% en la producción. Esta situación ha situado bajo la lupa a los seguros, sobre los que hay coincidencia en admitir que son una buena herramienta, pero que necesita ser actualizada para adaptarse a los tiempos actuales.

Existe también consenso en reconocer que poco a poco van cambiando, pero la sensación en el sector es que no es suficiente. Entre las últimas modificaciones figuran coberturas de hasta el 80%, así como la modificación de los rendimientos de diversos productos como el trigo o la alfalfa. El peritaje, por ejemplo, suele ser bueno. Como ejemplo, en Castilla y León se produce un porcentaje mínimo de disconformidad (1,2%). En los casos en los que no hay acuerdo, casi el 95% se soluciona en el segundo proceso y solo el 0,01% llega a la vía judicial.

El problema está en el baremo que se utiliza para establecer el coste de las pólizas. Se utiliza la estadística histórica que muchos agricultores piensan que ha quedado obsoleta ante los cambios actuales en el clima. Normalmente, el agricultor tiene garantizado por el seguro entre el 50 y el 80% de lo asegurado, pero no más. En el proceso de contratar un seguro se tiene en cuenta el histórico que indica los kilos que se pueden asegurar y el porcentaje garantizado lo elige el agricultor. Lógicamente, como mayor es el porcentaje, más cara es la póliza. Pero además hay requisitos que se deben cumplir, sobre todo relacionados con el nivel de riesgo y según la estadística de años anteriores. Para llegar a contratar el 80 por ciento, por ejemplo, hay que tener un nivel de riesgo bajo. Y el nivel de riesgo depende de lo sucedido en los años anteriores recientes.

La Asociación Agraria-Jóvenes Agricultores (Asaja) de Castilla-La Mancha ha reclamado la revisión de los rendimientos de las producciones asegurables, pues se establecen en función de datos históricos, que “pueden no estar ajustados a la realidad e influir negativamente a la hora de calcular las indemnizaciones”. Eso ha provocado que algunos agricultores dejen de contratar seguros por sequía porque todos los años tienen incidencias y, al año siguiente, se les penaliza. Y ha provocado que en ocasiones se beneficie al que hace las cosas mal porque adapta el cultivo a las condiciones de la póliza, en vez de primar al que intenta producir más.

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